martes, 21 de junio de 2016

Odón Mendoza y el rostro asado




Sí, Odón conocía muy de cerca a Jaime Paz Zamora en la época de la UDP – era uno de sus guardaespaldas. 

Odón nació en 1957 en Miraflores, el lugar de Uncía donde Simón I. Patiño había construido su gran ingenio, el ingenio Vehemencia. Su niñez fue acompañada por los tambores de guerra de los poderosos contra los mineros y sus familias – Odón dice que aprendió en aquellos años a esconderse de las balas que los helicópteros tiraron desde el aire. Tenía apenas 10 años cuando ocurrió la masacre de San Juan. Su padre falleció en 1966, su madre quién trabajaba toda su vida, como palliri, como costurera, como lavandera, logró educar a sus hijos con mucho sacrificio y aún más cariño.

Después del bachillerato estuvo trabajando como maestro rural en el campo. Llegó el 17 de julio de 1980 – Luis García Meza hizo su golpe de estado y centró la represión en las minas. Odón entró en contacto con Vanguardia Obrera, organización de los mineros de Siglo XX y de una cosa a otra, aprendió todo sobre la resistencia armada – tuvo la oportunidad de recibir la mejor preparación que hubo en aquellos años.

En 1982 entró en contacto con el MIR y empezó a proteger a integrantes del partido – después de que Jaime Paz Zamora tomó posesión de su puesto de vicepresidente, el 10 de octubre, Odón entró como parte del frente minero a ser uno de sus guardaespaldas. Cuenta que iban en un Jeep de la marca Toyota, color blanco, detrás del auto de Jaime Paz Zamora de marca Volvo a diésel. También se acuerda de un pavo navideño, comida que nunca antes había comido ya que su familia en Uncía sólo tenía el estricto mínimo.

Su memoria es buena pero tiene problemas con la cronología de los eventos  – en 1985, sufrió un accidente misterioso que lo había dejado en un coma severo. En aquel momento ya no estaba al servicio del rostro asado – más de un año antes había dejado ese mundo que se alejaba cada vez más de la lucha revolucionaria, algo que no le gustó a Odón. Él se había casado en 1983 con una mujer cuya familia estaba integrada por fieles militantes del MIR – una de sus cuñadas tuvo que exiliarse a Europa por sus actividades políticas –y a finales de aquel año, había nacido su hijo. 

Entonces decidió dejar la vida de armas e ingresó al magisterio paceño en 1984. Por tener solamente una experiencia de maestro rural, no pudo pretender a un ítem de maestro en la ciudad pero se adaptó sin demasiados problemas al puesto de regente. Solía reunirse con sus colegas el viernes hasta aquel viernes 6 de diciembre de 1985 cuando, luego de salir de un local en la avenida Buenos Aires, desapareció.

Su familia lo buscó durante varios días hasta recibir una llamada telefónica del Hospital Obrero – Odón Mendoza fue ingresado, en estado inconsciente, a este hospital el miércoles 11 de diciembre de 1985, a horas 12: 30 con el diagnóstico de politraumatismo y TEC (Traumatismo Encéfalo Craneal). Había sido encontrado por comunarios en un río fuera de la ciudad y lo curioso de su ingreso es que los médicos notaron un estado de ebriedad. 
Sabiendo que el cuerpo necesita unas 15 horas para eliminar toda una botella de whiskey, que el sueldo de Odón no permitió comprar otra cosa que cerveza y tal vez algún vaso de singani, es absolutamente imposible que ese estado tenga una relación con su reunión el viernes anterior.
Odón tenía su costumbre – si salió a tomar un trago, iba a la Buenos Aires, fuera de los viernes no lo hacía y además su familia lo buscó por supuesto en aquellos lugares. 

Si él hubiera pasado varios días a tomar, se hubiera sabido. Nuestra conclusión es otra: que fue secuestrado y, creyéndolo muerto, dejado en aquel lugar remoto donde fue encontrado. Ahora bien, él ganaba unos 300 bolivianos al mes – secuestrar a un regente por dinero sinceramente no valió la pena. Nadie se había contactado con la familia (que tampoco era rica) y si hubiera sido un asalto ¿por qué los asaltantes se tomaron la molestia de transportarlo lejos de la ciudad?

Odón se quedó hospitalizado más de un mes, no se acuerda de Navidad por lo que su estado de coma ha debido durar más de dos semanas,  fue dado de alta el 16 de enero de 1986 – su fortaleza física y sicológica le permitió retomar paulatinamente su vida anterior y volvió a ser regente en las escuelas de la ciudad de La Paz. 

No recuerda estrictamente nada de lo que pasó entre la reunión con sus colegas el 6 de diciembre de 1985 y aquel día, entre Navidad y Año Nuevo de 1986, en que despertó. Las enfermeras del Hospital Obrero decían a su familia que estuvo gritando cuando le tocaban el primer día – algo grave ha debido pasar con él en los días en que había desaparecido y estos elementos nos hacen pensar más bien en un secuestro para tener información de y acallar a una persona.

Después de la UDP, el MIR  bailó a veces con el diablo… Hubo acusaciones y hasta detenciones – en Internet, se puede encontrar bastante información. Cuál será la verdad…lo cierto es que si hay humo hay fuego y que en un contexto como el las de los años ’80 la gente de a pie puede fácilmente quemarse las alas. 
No sólo las circunstancias de su accidente de 1985 sino ante todo lo que se hace con él desde hace septiembre de 1999 nos parece más que sospechoso: la investigación del crimen contra la niña Patricia Flores es un ejemplo de cómo manipular una investigación. Y nos llama muchísimo la atención que Odón fue arrestado con el argumento de mentir sobre su paradero en la mañana en que la niña Patricia había desaparecido – una de las secuelas de su accidente, a parte de las cicatrices en su cara y su cuerpo, es justamente su problema de ordenar cronológicamente los eventos. 

Antes de ser detenido como sospechoso principal, un día y medio después de encontrar a la niña asesinada en el depósito, Odón Mendoza testificó que en la mañana del 27 de agosto de 1999, había entrado a la escuela junto al profesor de música a quien había encontrado a media cuadra de la entrada, comiendo una hamburguesa. Con este testimonio se cayó por completo la hipótesis de la policía, que Odón Mendoza hubiera secuestrado a la niña en la entrada de la escuela, la hubiera dejado en el depósito (cuya puerta ni siquiera tenía chapa…) para luego, cuando todos estaban en sus aulas, volver a ese lugar y victimarla. La policía verificó esta coartada sólo cinco días después cuando todo estaba armado para presentarlo como un monstruo a los medios de comunicación. Y, no tomó en consideración en absoluto que el profesor de música confirmó punto por punto el testimonio de Odón.

Ese día, 2 de septiembre, los investigadores tenían a su disposición otras pruebas importantísimas de la inocencia de Odón – el informe de autopsia, afirmando sin lugar a dudas que la niña falleció el día domingo 29 de agosto de 1999 y la documentación que sus colegas de la división “Familia y Menores” habían elaborado siguiendo la denuncia de desaparición que habían presentado los padres de la niña el lunes 30 de agosto. En esta documentación se destaca de un lado la denuncia misma, describiendo la desaparición de la niña de la siguiente manera: “el día 27 de los corrientes en horas de la mañana (8:25 - 8:30) en circunstancias en que nuestra pequeña hija de 10 años de edad (...) fue conducida y dejada en la Escuela Vicenta Juaristi Eguino de esta ciudad, se extravió, por la referencia que nos dan HABRÍAN VISTO A LA NIÑA CAMINAR POR INMEDIACIONES de la calle Pichincha e Indaburo, sin que la misma retorne al hogar, toda vez que por su minoría de edad no conoce las calles (...)". Y del otro lado, la declaración del padre de Patricia, afirmando que pudo comprobar que la niña entró en una tienda y “le compró pipocas y se quedó caminando por el lugar hasta las 09:30 aproximadamente.”

Nos preguntamos desde hace mucho tiempo si son coincidencias o si hay algo más. ¿Será Odón Mendoza una víctima más de los “errores” del MIR?


 

sábado, 4 de abril de 2015

Tantas mentiras




El caso Patricia Flores es uno de los ejemplos de cómo se cometen las grandes injusticias: por policías flojos, fiscales corruptos, abogados malvados y ONGs con plata - inmediatamente después de encontrar a la pequeña víctima, empezaron las actuaciones de varias personas, con un solo fin: distorsionar la verdad. Aquí vamos a presentar algunos ejemplos – seguimos investigando y vendrá el día en que presentamos los resultados de la búsqueda completa.

Mentira n° 1: La niña Patricia hubiera desaparecida dentro de su escuela.

La madre declaró en 1999, que la había dejado detrás de las rejas y hay niños que, poco tiempo después, la vieron en la calle, yendo para comprar chicle “basuka”. El propio padre de la niña, investigando su paradero en la tarde del 27 agosto de 1999, aportó varios elementos valiosos. Pudo comprobar que la niña entró en una tienda y “le compró pipocas y se quedó caminando por el lugar hasta las 09:30 aproximadamente.” En otras palabras, ella fue vista afuera cuando ya no pudo ingresar a la escuela debido a que la puerta y las rejas estaban cerradas.






Mentira n° 2: La niña Patricia hubiera fallecido el mismo día en que desapareció.

La autopsia, que se llevó a cabo el miércoles 1 de septiembre, unas 18 horas después de encontrarla muerta, determinó que la data de la muerte era de aproximadamente 72 horas, es decir 3 días antes. Con un cálculo retrospectivo, como lo dice uno de los médicos forenses en una audiencia ratificatoria, llegamos al domingo 29. Todos los informes de esta autopsia fueron revisados en los últimos dos años y confirmados – es imposible que la niña haya fallecido el viernes 27 de agosto.

Mentira n° 3: La niña Patricia hubiera sido contaminada con una enfermedad de transmisión sexual (ETS).
Las bacterias y los virus de ETS son: Neisseria gonorrhoeae (responsable de la gonorrea); Treponema pallidum (responsable de la sífilis); VPH (Virus del papiloma humano); VIH (Virus de la inmunodeficiencia humana); Chlamydia trachomatis; Candida albicans; Mycoplasma genitalium; Ureaplasma.

En el cadáver de la niña fueron encontrado: Salmonella Spp; Escherichia Coli; Bacilos Subtilis y Estafilococo albus.
No tenía ninguna ETS, la niña Patricia Flores. Sin embargo, en la muestra de su vagina que fue tomada en la autopsia, se encontró el ADN de José Luis Flores.











Mentira n° 4: Se hubiera encontrado en el baño de varones, colindante al depósito, una huella de los zapatos de Odón. 

Los policías, desesperados porque no lograron con sus golpes que Odón admitiera algo que no había cometido, se apropiaron de sus zapatos y plantaron dicha huella. Lo descubrimos porque no lo hicieron bien – la huella (descrita a fs. 329 como “huella plantar estampada en el azulejo del mingitorio de varones) apareció no en la pared común entre el depósito y el baño, sino en la otra pared, la que da a la cancha…








Mentira n° 5: El diámetro del surco equimótico (es decir el hematoma) en el cuello de la niña Patricia correspondería a uno de los cinturones de Odón Mendoza.

El único lugar en el expediente, donde se indica algo respecto a este hematoma es el informe de autopsia, que indica que el área de equimosis tiene una dimensión aproximada de 10x8 cm. ¿Quién de ustedes tiene un cinturón midiendo 8 por 10 centímetros? Odón, seguro que no.











Mentira n° 6: En la mañana del 27 de agosto de 1999, Odón hubiera secuestrado a la niña Patricia en el momento de entrar a la escuela para luego, cuando todos estaban en sus clases, victimarla.

Aquella mañana, Odón se había encontrado con el profesor de música, comiendo una hamburguesa a media cuadra de la escuela y éste lo había invitado a compartirla. Luego entraron juntos a la escuela y llegaron juntos al Secretariado, donde Odón empezó su labor. Entonces, él siempre estuvo junto a al menos una persona hasta la formación a la cual la niña no asistió como testifican todos. Porque, ella, mucho antes, había salido a caminar fuera de la escuela y, como ya lo escribimos, fue vista por varios niños de su escuela y también algunos adultos.

Mentira n° 7: Los resultados de ADN del FBI no valdrían porque sus informes hubieran sido alterados y/o el FBI hubiera declarado que no pudo llegar a resultados.
En el cuerpo 14 del expediente se encuentra el informe final de dos páginas y media, escrito por el responsable de la investigación, certificado por el cónsul de Estados Unidos y legalizado por nuestra Cancillería. Eso prueba la autenticidad de este documento y con esto, los resultados de la investigación del FBI gozan de plena legalidad en nuestro país.
Aún más, el FBI estuvo dispuesto a presentar su trabajo en el proceso y estuvo esperando durante más de 2 años, a partir de mayo de 2012, la orden judicial correspondiente. Esta nunca llegó, por la férrea oposición de la parte civil. ¿Qué cosa estaba temiendo por oponerse a que toda la sociedad pueda ver cómo se llegó a la conclusión de que José Luis Flores es el presunto autor?

Seguro, un día, el caso Patricia Flores será estudiado como ejemplo de cómo los operados de justicia manipulan para que se condene a la persona que la familia de la víctima escogió. Nos da pena para la niña que merecería ser recordada de mejor forma.