miércoles, 3 de mayo de 2017

Cómo hicieron para condenar a un inocente



A las 23:30 horas la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre de 1999, se descubre el cadáver de la niña Patricia Flores de 10 años en un depósito cerca a la entrada de su escuela.
Había desaparecido el viernes 27 de agosto en la mañana, después de que su madre la dejara en la entrada “un poco antes” de lo acostumbrado, como la Sra. Martha Velásquez dice hoy. Al momento de encontrar el cadáver, la policía (PTJ) la estuvo buscando ya que los padres habían denunciado su desaparición el lunes 30 de agosto, alegando que “habrían visto a la niña caminando por inmediaciones de la calle Pichincha e Indaburo” es decir a unas dos cuadras más abajo de su escuela. 

La policía determinó en un primer momento que la niña Patricia hubiera fallecido unos dos o tres días antes de encontrarla, es decir que su fallecimiento hubiera ocurrido entre sábado y domingo (28/29 de agosto). La autopsia que se llevó a cabo el miércoles 1 de septiembre y a la cual asistieron los investigadores de la PTJ, el fiscal a cargo y el padre de la menor, acompañado de su abogada, determinó finalmente que la muerte ocurrió el día domingo 29 de agosto.
Ese mismo día, la PTJ había empezado su investigación y puesto que el gobierno, ante la conmoción social, le había dado 24 horas para encontrar al culpable, se fijó en los tres varones que trabajaron en el turno de la mañana – dos profesores y un regente de nombre Odón Mendoza. 

Odón Mendoza vivía en un hogar para personas con problemas de alcohol con condiciones muy estrictas – no tomar ni una gota de alcohol y salida controlada: había permanentemente un policía en la entrada que sólo dejaba salir los integrantes del hogar cuando presentaron un permiso otorgado por la dirección. La única excepción fue para Odón Mendoza, un permiso permanente en las mañanas de lunes a viernes, para ir a trabajar. Tanto la dirección como varios otros integrantes del hogar testificaron que él estuvo en el hogar el sábado a la hora de cenar y no salió más, que el domingo se había quedado todo el día en el hogar, tomando su desayuno, su almuerzo y su cena allí y sólo salió el lunes a la hora usual para ir a trabajar. 

Entonces, 24 horas después de encontrar el cadáver, la PTJ sabía dos cosas: que el crimen no pudo haber ocurrido el viernes 27 y que iba a ser sumamente difícil encontrar al culpable. Por eso escogieron a Odón Mendoza – venía de otro lado (Potosí) y vivía separado de su familia. Empezaron a falsificar las fechas de sus informes para hacer coincidir la data de la muerte con el escenario que habían construido: que Odón Mendoza hubiera interceptado a la niña en la entrada de la escuela, la habría secuestrado en el depósito situado a unos metros del ingreso y victimada en la misma mañana, cuando todos los alumnos estaban en sus clases.

Ahora bien, además de la data de la muerte que excluye por completo esta versión, Odón Mendoza no entró solo a la escuela sino acompañado por el profesor de música quien había ya estado trabajando en la escuela y, unos 20 minutos antes de empezar el día escolar con la formación había salido para comer una hamburguesa en un puesto cerca a la entrada de la escuela. Al ver llegar a Odón Mendoza a pie, lo había invitado a compartir su colación y luego ambos caminaron juntos hasta la secretaría que se encuentra más allá del depósito. Y, durante la mañana, Odón Mendoza no estuvo resguardando la disciplina de la escuela en los pasillos, como era su tarea, sino estuvo frente a una clase, reemplazando a una maestra que se había tomado el día libre por estar de cumpleaños. 

Por supuesto que la PTJ no interrogó a posibles testigos…hubo que insistir mucho para que, más de una semana más tarde, entre al expediente el testimonio del profesor de música, confirmando todo lo que había dicho Odón. En aquel momento, él estuvo con detención policial, en abierta violación a la ley que limitó este tipo de detención sin protección legal a 48 horas – a Odón lo dejaron durante más de 8 días solo con los policías, casi 200 horas. Durante este tiempo, los “investigadores” hicieron de todo para que confesara.
Lo golpearon y cuando siguió insistiendo en su inocencia y ante la falta completa de pruebas en su contra, tuvieron una idea genial – agarraron un par de sus zapatos e iban al baño de los chicos, colindante al depósito donde fue encontrada la niña, para plantar una huella. Hubo algunos problemas ya que tuvieron que apoyar el zapato contra una pared distante de unos tres metros de la pared común con el depósito y que la huella no salió muy clara en su primera tentativa – así que existen unas huellas superpuestas en una pared en un ambiente diferente, distante de varios metros del lugar donde fue encontrada la víctima (y que, según varios peritajes no puede ser el escenario primario del crimen). Sin embargo, esto fue una de las grandes pruebas con los cuales se condenó a Odón Mendoza en 2014.

El 10 de septiembre de 1999, Odón fue transferido al penal de máxima seguridad de Chonchocoro por una jueza de instrucción que determinó detención preventiva sin poder nombrar un solo elemento de convicción – sin embargo, los altos jefes de la PTJ habían anticipado cualquier duda sobre este procedimiento con una conferencia de prensa, unas horas antes, en que presentaron las prendas de vestir de la niña, con evidentes manchas, y sobre todo un gráfico impresionante con la fotografía de Odón en el centro. El jefe de la PTJ apuntó varias veces con un bastón sobre esta fotografía y los periodistas no dudaron – la policía había encontrado al monstruo. Hubo un montón de artículos con siempre la misma tonalidad, un desviado sexual, una bestia humana – y por supuesto, se publicó su fotografía sobre media página.

Sin embargo, a algunas personas (y especialmente al abogado de oficio que le habían finalmente asignado a Odón – y cambiado rápidamente cuando este hizo preguntas incomodas…) les preocupó el hecho de que no hubo pruebas así que propusieron hacer un análisis de ADN de las varias evidencias que fueron encontradas en el depósito. Se gestionó una prueba de ADN primero en la facultad de medicina de Santiago de Chile (donde determinaron los genotipos pero refutaron que había ADN de Odón en la ropa de la niña) y luego con el FBI.

El ministro de Educación tuvo que intervenir porque los policías no mandaron nada a pesar de haber recibido la orden – el jefe nacional, el jefe departamental, el director de la investigación así como el fiscal a cargo fueron destituidos – y entre fines de septiembre y mediados de octubre, el FBI recibió por fin algunas evidencias. En enero de 2000, llegó su primer informe parcial con una gran sorpresa – el FBI había encontrado en la ropa de la víctima el ADN de la hermana de Patricia Flores, de un sospechoso de nombre Reynaldo Flores Barrera y como contribuyente principal el de un hombre desconocido. De Odón no hubo ninguna coincidencia en las evidencias del depósito – el único lugar donde se evidenció su ADN fue un folder de su pertenencia que la PTJ había incautado porque tenía manchas rojizas. En aquel momento, Odón Mendoza había declarado haber sufrido un sangrado nasal unas semanas antes pero por supuesto que no le creyeron. Y, a pesar de la determinación clarísima del FBI, él fue condenado como el asesino de la niña Patricia por estas manchas, hasta el 16 de noviembre de 2009 cuando la entonces Corte Suprema (hoy en día Tribunal Supremo) anuló su condena por valoración inadecuada de las pruebas. 

Lo más importante, sin embargo, del informe preliminar del FBI fue la información que el desconocido presunto autor había sido identificado en otro caso también – el caso de una niña que fue atacada sexualmente un mes después del crimen contra Patricia Flores y que sobrevivió. Ella pudo decir a la PTJ que el joven que los policías sospecharon de ser el autor no era la persona que la había atacado, por lo que decidieron mandar las evidencias del caso también al FBI para análisis. Y, el presunto autor desconocido fue el mismo en ambos casos. Fines de enero de 2000, tanto la PTJ como el juez de instrucción sabían entonces de ciencia cierta que Odón Mendoza no pudo ser acusado por el crimen contra la niña Patricia pero, en vez de liberarlo, empezó de nuevo una campaña de presión a través de los medios de comunicación y el juez de instrucción fue cambiado por una señora de nombre Betty Yañíquez, quién hará todo, hasta hoy en día, para que Odón termine su vida en la cárcel.

Después de estos primeros resultados, el FBI decidió hacer una investigación propia y empezó a interesarse por un violador en serie de niñas quien fue arrestado a fines de noviembre de 1999 infraganti, José Luis Flores. En abril de 2000, pidió a la PTJ mande muestras biológicas de él y la jueza Yañíquez, quién lo sabía, se puso a trabajar en el acto de acusación, llamado Auto Final de Instrucción. El  4 de mayo de 2000, acusó a Odón Mendoza de ser el autor del crimen, falsificando declaraciones de testigos.

A fines de agosto del mismo año, el FBI había terminado su trabajo y mandó un informe final de dos páginas y media donde explica, paso a paso, cómo hizo su investigación de casi un año y cómo llegó a la conclusión científica que el presunto autor del crimen contra Patricia Flores era José Luis Flores. Había encontrado su ADN en la falda de la niña y, sobre todo, en los dos vellos púbicos que la PTJ había recolectado en el depósito – de Odón Mendoza dijo que lo excluía de cualquier vínculo con el crimen.

Los peritos del FBI se declararon dispuestos a venir a Bolivia a testificar sobre su investigación y la PTJ apoyó esto, pidiendo al juez nombrado para abrir el proceso, dar las autorizaciones judiciales necesarias pero este no hace nada. El proceso se quedó así, Odón Mendoza reclamó en vano la llegada de los peritos pero finalmente, el Tribunal Constitucional decidió liberarlo en mayo de 2001 por retardación de justicia,  dándole así llamadas medidas sustitutivas.

En el 2003 finalmente empezó el proceso, sin que José Luis Flores sea incluido y Odón Mendoza fue condenado a 30 años de cárcel porque estaría probado que “es un alcohólico y drogadicto” y por eso habría matado a la niña Patricia Flores el viernes 27 de agosto. Odón Mendoza presentó apelación y la Corte Superior de Distrito anuló la sentencia en 2004 porque “no se habría indicado donde tiene que cumplir su pena”. 

El proceso se quedó así hasta febrero de 2006, fecha en la cual otro juez condenó una vez más a Odón Mendoza a 30 años de cárcel sin indulto, absolviendo a los co-procesados, invocando una vez más como fecha del crimen el inverosímil 27 de agosto y declarando que no podía tomar en consideración la prueba de ADN del FBI, no porqué estaría dudando sobre los resultados sino sobre la manera en que las evidencias fueron recolectadas. En el expediente se puede seguir perfectamente cómo se procedió con estas evidencias, hay listas muy detalladas de todo lo que fue analizado y no hay ninguna duda sobre como la PTJ procedió para entregar las muestras al FBI. La así llamada cadena de custodia no fue rota.

Inicio de 2007, la Corte Superior de Distrito de La Paz confirmó la condena y Odón Mendoza presentó (siempre en libertad ya que una apelación suspende una condena) un recurso de casación, detallando las manipulaciones con que fue condenado. Después de más de dos años y medio, la entonces Corte Suprema (hoy en día Tribunal Supremo de Justicia) le dio la razón y anuló su condena por valoración inadecuada de las pruebas de cargo y descargo. 

Además anuló todas las actuaciones judiciales (excepto la sentencia del Tribunal Constitucional dando libertad condicional a Odón) hasta antes del Auto Final de Instrucción de la entonces juez de instrucción Betty Yañíquez – lo que abrió la posibilidad de investigar por primera vez a José Luis Flores. La Corte Suprema había muy bien analizado el trabajo del FBI (buscando la documentación dispersa en el expediente) y llegó a la conclusión que José Luis Flores sería pariente del padre de la víctima. No sería sorprendente ya que la inmensa mayoría de estos crímenes se cometen en el ámbito familiar pero esto hizo que la madre de la niña Patricia saliera en lágrimas en la televisión y que su abogada, de nombre Paola Barriga, acusara a Odón Mendoza (sin ninguna prueba) ser un corrupto que habría comprado un fallo a su favor.

Lastimosamente, en un país donde la corrupción judicial es endémica y donde lágrimas de una madre valen como prueba, esto destrozó por completo todo lo que Odón Mendoza siempre había afirmado. Unas periodistas, amigas de Paola Barriga  empezaron una campaña para hacer creer al país que la niña habría fallecido el viernes 27 de agosto dentro de su escuela – la prensa no tiene acceso a los expedientes judiciales por lo que nunca comprueba las afirmaciones de una parte en un proceso, pero eso no importó. La Sra. Betty Yañíquez (fines de 2009 una simple juez) de repente fue nombrada Fiscal de Distrito en julio de 2010, después de una campaña de prensa contra el entonces jefe de los fiscales de La Paz e inicio de 2011, el presidente Evo Morales intervino en el caso (eso se supo sólo en 2012 después de encerrar nuevamente a Odón Mendoza en la cárcel). 

Un juez de instrucción en lo civil (todos los jueces de instrucción en lo penal se habían excusado) determinó que tanto José Luis Flores (basándose sobre los resultados de la prueba de ADN) como Odón Mendoza (excluyendo de tomar en cuenta las mismas pruebas) serían los autores de crimen, sin poder establecer un nexo entre ambos. Y decidió también, pasando por alto con soberbia una sentencia constitucional, que Odón Mendoza tendría que ser detenido nuevamente.
La apelación a estas ilegalidades, presentada tres veces, nunca fue atendida y, después de algunas apariciones mediáticas de la madre de la niña Patricia y su abogada, se detuvo, ilegalmente, a Odón Mendoza el 23 de marzo de 2012 para iniciarle un segundo proceso a pesar de tener una sentencia de la más alta instancia judicial de su país anulando su condena.

Durante los dos años que duró este proceso, la abogada Paola Barriga estuvo en todos los medios de comunicación emitiendo mentira tras mentira. 
Que el vello púbico analizado por el FBI sería de Odón Mendoza cuando el informe final, autentificado y legalizado por las autoridades competentes de Estados Unidos y Bolivia, indica sin lugar a dudas que es de José Luis Flores. 
Que a este informe, que consta de 2 páginas y media, le faltarían dos páginas que determinarían que Odón Mendoza sería el autor – la sentencia de 2014 va aún más lejos en esta perversidad: la jueza escribe que no toma en cuenta dicho informe puesto que le faltarían TRES páginas (un informe de dos páginas y media…). 
Que se habría encontrado semen de Odón Mendoza en el guardapolvo de la niña, y unos meses más tarde dijo también en el panty, cuando el laboratorio forense estatal IDIF, analizando la gran cantidad de evidencias, tanto encontradas en el depósito junto a la víctima como prácticamente todas las pertenencias de Odón Mendoza, excluye por completo un posible contacto entre él y la niña Patricia. 

En un clima así, ningún juez, ninguna jueza se atrevió a absolver a Mendoza así que fue condenado porque tiene el mismo grupo sanguíneo (como la mayoría  de los y las bolivian@s) como la víctima y a pesar del hecho que el médico forense que lo examinó cuando fue arrestado, no encontró ninguna herida. 
Fue condenado porque había lavado su pantalón, donde el IDIF sólo encontró su ADN de él y de un hombre desconocido. Fue condenado por una enfermedad inventada por la jueza (“Balano Prepusitis”) y un germen (“estafilococo albus”) que es parte de la flora normal de la piel humana – que seguramente los juzgadores tienen también. 
Fue condenado porque no se lo habría visto en los pasillos de la escuela en la mañana del 27 de agosto de 1999 cuando estuvo en un aula supliendo a una profesora, aun cuando existe un testimonio de la otra regente que dijo haberlo visto en la puerta de dicha aula e indicando que la llamó la atención porque eso no era el lugar donde solía estar – y a pesar de la clara determinación, hecha por dos médicos forenses y ratificada por ellos en varios interrogatorios, que la niña Patricia fue asesinada el domingo 29 de agosto, probablemente en la tarde.

Odón Mendoza es solo el hijo de una viuda muy pobre que no paró de trabajar para poder dar la mejor educación posible a sus hijos – buscaba algún mineral en los restos que se acumulan en la entrada de la mina, lavaba ropa a mano y fue también costurera. Una vida de mucho sacrificio y aún más cariño. 

Es un escándalo que en la Bolivia que se hace la campeona de los derechos humanos en los foros internacionales, se condene a un hombre humilde de esta forma – sin embargo, Odón Mendoza no es el único. Las cárceles están llenas con personas de origen humilde que fueron sacrificadas por una justicia de clase que sigue imponiendo su ley, con toda tranquilidad e impunidad.

martes, 21 de junio de 2016

Odón Mendoza y el rostro asado




Sí, Odón conocía muy de cerca a Jaime Paz Zamora en la época de la UDP – era uno de sus guardaespaldas. 

Odón nació en 1957 en Miraflores, el lugar de Uncía donde Simón I. Patiño había construido su gran ingenio, el ingenio Vehemencia. Su niñez fue acompañada por los tambores de guerra de los poderosos contra los mineros y sus familias – Odón dice que aprendió en aquellos años a esconderse de las balas que los helicópteros tiraron desde el aire. Tenía apenas 10 años cuando ocurrió la masacre de San Juan. Su padre falleció en 1966, su madre quién trabajaba toda su vida, como palliri, como costurera, como lavandera, logró educar a sus hijos con mucho sacrificio y aún más cariño.

Después del bachillerato estuvo trabajando como maestro rural en el campo. Llegó el 17 de julio de 1980 – Luis García Meza hizo su golpe de estado y centró la represión en las minas. Odón entró en contacto con Vanguardia Obrera, organización de los mineros de Siglo XX y de una cosa a otra, aprendió todo sobre la resistencia armada – tuvo la oportunidad de recibir la mejor preparación que hubo en aquellos años.

En 1982 entró en contacto con el MIR y empezó a proteger a integrantes del partido – después de que Jaime Paz Zamora tomó posesión de su puesto de vicepresidente, el 10 de octubre, Odón entró como parte del frente minero a ser uno de sus guardaespaldas. Cuenta que iban en un Jeep de la marca Toyota, color blanco, detrás del auto de Jaime Paz Zamora de marca Volvo a diésel. También se acuerda de un pavo navideño, comida que nunca antes había comido ya que su familia en Uncía sólo tenía el estricto mínimo.

Su memoria es buena pero tiene problemas con la cronología de los eventos  – en 1985, sufrió un accidente misterioso que lo había dejado en un coma severo. En aquel momento ya no estaba al servicio del rostro asado – más de un año antes había dejado ese mundo que se alejaba cada vez más de la lucha revolucionaria, algo que no le gustó a Odón. Él se había casado en 1983 con una mujer cuya familia estaba integrada por fieles militantes del MIR – una de sus cuñadas tuvo que exiliarse a Europa por sus actividades políticas –y a finales de aquel año, había nacido su hijo. 

Entonces decidió dejar la vida de armas e ingresó al magisterio paceño en 1984. Por tener solamente una experiencia de maestro rural, no pudo pretender a un ítem de maestro en la ciudad pero se adaptó sin demasiados problemas al puesto de regente. Solía reunirse con sus colegas el viernes hasta aquel viernes 6 de diciembre de 1985 cuando, luego de salir de un local en la avenida Buenos Aires, desapareció.

Su familia lo buscó durante varios días hasta recibir una llamada telefónica del Hospital Obrero – Odón Mendoza fue ingresado, en estado inconsciente, a este hospital el miércoles 11 de diciembre de 1985, a horas 12: 30 con el diagnóstico de politraumatismo y TEC (Traumatismo Encéfalo Craneal). Había sido encontrado por comunarios en un río fuera de la ciudad y lo curioso de su ingreso es que los médicos notaron un estado de ebriedad. 
Sabiendo que el cuerpo necesita unas 15 horas para eliminar toda una botella de whiskey, que el sueldo de Odón no permitió comprar otra cosa que cerveza y tal vez algún vaso de singani, es absolutamente imposible que ese estado tenga una relación con su reunión el viernes anterior.
Odón tenía su costumbre – si salió a tomar un trago, iba a la Buenos Aires, fuera de los viernes no lo hacía y además su familia lo buscó por supuesto en aquellos lugares. 

Si él hubiera pasado varios días a tomar, se hubiera sabido. Nuestra conclusión es otra: que fue secuestrado y, creyéndolo muerto, dejado en aquel lugar remoto donde fue encontrado. Ahora bien, él ganaba unos 300 bolivianos al mes – secuestrar a un regente por dinero sinceramente no valió la pena. Nadie se había contactado con la familia (que tampoco era rica) y si hubiera sido un asalto ¿por qué los asaltantes se tomaron la molestia de transportarlo lejos de la ciudad?

Odón se quedó hospitalizado más de un mes, no se acuerda de Navidad por lo que su estado de coma ha debido durar más de dos semanas,  fue dado de alta el 16 de enero de 1986 – su fortaleza física y sicológica le permitió retomar paulatinamente su vida anterior y volvió a ser regente en las escuelas de la ciudad de La Paz. 

No recuerda estrictamente nada de lo que pasó entre la reunión con sus colegas el 6 de diciembre de 1985 y aquel día, entre Navidad y Año Nuevo de 1986, en que despertó. Las enfermeras del Hospital Obrero decían a su familia que estuvo gritando cuando le tocaban el primer día – algo grave ha debido pasar con él en los días en que había desaparecido y estos elementos nos hacen pensar más bien en un secuestro para tener información de y acallar a una persona.

Después de la UDP, el MIR  bailó a veces con el diablo… Hubo acusaciones y hasta detenciones – en Internet, se puede encontrar bastante información. Cuál será la verdad…lo cierto es que si hay humo hay fuego y que en un contexto como el las de los años ’80 la gente de a pie puede fácilmente quemarse las alas. 
No sólo las circunstancias de su accidente de 1985 sino ante todo lo que se hace con él desde hace septiembre de 1999 nos parece más que sospechoso: la investigación del crimen contra la niña Patricia Flores es un ejemplo de cómo manipular una investigación. Y nos llama muchísimo la atención que Odón fue arrestado con el argumento de mentir sobre su paradero en la mañana en que la niña Patricia había desaparecido – una de las secuelas de su accidente, a parte de las cicatrices en su cara y su cuerpo, es justamente su problema de ordenar cronológicamente los eventos. 

Antes de ser detenido como sospechoso principal, un día y medio después de encontrar a la niña asesinada en el depósito, Odón Mendoza testificó que en la mañana del 27 de agosto de 1999, había entrado a la escuela junto al profesor de música a quien había encontrado a media cuadra de la entrada, comiendo una hamburguesa. Con este testimonio se cayó por completo la hipótesis de la policía, que Odón Mendoza hubiera secuestrado a la niña en la entrada de la escuela, la hubiera dejado en el depósito (cuya puerta ni siquiera tenía chapa…) para luego, cuando todos estaban en sus aulas, volver a ese lugar y victimarla. La policía verificó esta coartada sólo cinco días después cuando todo estaba armado para presentarlo como un monstruo a los medios de comunicación. Y, no tomó en consideración en absoluto que el profesor de música confirmó punto por punto el testimonio de Odón.

Ese día, 2 de septiembre, los investigadores tenían a su disposición otras pruebas importantísimas de la inocencia de Odón – el informe de autopsia, afirmando sin lugar a dudas que la niña falleció el día domingo 29 de agosto de 1999 y la documentación que sus colegas de la división “Familia y Menores” habían elaborado siguiendo la denuncia de desaparición que habían presentado los padres de la niña el lunes 30 de agosto. En esta documentación se destaca de un lado la denuncia misma, describiendo la desaparición de la niña de la siguiente manera: “el día 27 de los corrientes en horas de la mañana (8:25 - 8:30) en circunstancias en que nuestra pequeña hija de 10 años de edad (...) fue conducida y dejada en la Escuela Vicenta Juaristi Eguino de esta ciudad, se extravió, por la referencia que nos dan HABRÍAN VISTO A LA NIÑA CAMINAR POR INMEDIACIONES de la calle Pichincha e Indaburo, sin que la misma retorne al hogar, toda vez que por su minoría de edad no conoce las calles (...)". Y del otro lado, la declaración del padre de Patricia, afirmando que pudo comprobar que la niña entró en una tienda y “le compró pipocas y se quedó caminando por el lugar hasta las 09:30 aproximadamente.”

Nos preguntamos desde hace mucho tiempo si son coincidencias o si hay algo más. ¿Será Odón Mendoza una víctima más de los “errores” del MIR?